Tu Temperamento

emocional · hacia fuera

Jovial

Llenas el espacio. Donde estás tú hay ambiente, y eso ocurre sin que tengas que proponértelo.

«Yo quiero todo»

Centro
emocional
Canalización
Hacia fuera
Nivel
pasivo
Glándula
Pituitaria posterior
Pecado
Gula
Deseo
Afecto
Reto
Mesura
Herida
Indiferencia

En su mejor versión

  • Consentidor
  • Generoso
  • Ameno

Cuando se tuerce

  • Derroche
  • Exceso de confianza
  • Vanidad

Llegas y la temperatura de la habitación sube. No es una técnica social ni un esfuerzo: es que te alegras de verdad de ver a la gente, y eso se contagia antes de que digas nada.

Cuando funciona

La generosidad es real. Invitas, prestas, presentas a quien puede ayudar a quien lo necesita, y no llevas la cuenta de nada. Abres puertas por simpatía que otros no abren con currículum, y las abres también para gente que no puede devolverte el favor.

Haces que las cosas sean agradables. Suena menor y no lo es: la mayoría de los proyectos que salen bien salen bien porque alguien sostuvo el ánimo del grupo cuando la cosa se puso pesada. Ese sueles ser tú.

Y tienes una confianza en que las cosas van a salir que, sorprendentemente, hace que salgan más veces. No es magia: la gente se apunta a lo que parece que va a funcionar.

Cuando se tuerce

El exceso. Más de todo: más gasto del que había, más promesas de las que caben en la agenda, más historia de la que hubo. No mientes —en el momento te lo crees— pero la versión que cuentas ha crecido por el camino.

Y la vanidad, que llega despacio. La atención empieza siendo agradable y acaba siendo necesaria. El día que no la hay, el ambiente que sueles crear se apaga, y eres el primero en notarlo.

Prometes en caliente. En el momento es sincero. El problema aparece tres semanas después, cuando toca cumplir y ya no hay ni el impulso ni el hueco.

Lo que te hace daño

La indiferencia. Que no te registren. Que entres y no pase nada, que cuentes algo y el otro siga a lo suyo. Prefieres una discusión a que te ignoren.

Y cómo reaccionas: con desprecio. Devalúas a quien no te ha visto —“es un sieso”, “no tiene ni idea”— y lo haces rápido, casi sin pensarlo. Es una defensa: si el otro no vale, que no te haya visto tampoco vale.

Tu reto

La mesura. Que te baste con lo que hay. No es renunciar a la alegría —eso sería pedirte que dejes de ser tú— sino comprobar si la siguiente ronda, la siguiente promesa o el siguiente adorno están añadiendo algo o solo tapando un silencio.

Con quién

Te entiendes con el Mercurial. Él busca reconocimiento y tú lo repartes a manos llenas; tú buscas afecto y él resuelve, que es su forma de darlo. Cada uno tiene en abundancia lo que al otro le falta.

Y chocas con el Saturnino. Tu exceso le parece falta de criterio y su rigor te parece falta de vida. Los dos tenéis parte de razón, y por eso no se resuelve.